Técnicas de escritura: El Velo de Timantes

El artículo de hoy viene cargadito y no de odio :D Hablaré de arte, de mitología y de una “técnica de escritura” que me acabo de sacar de la manga. Así pues, vamos allá:



Timantes de Sición era un pintor griego que vivió en el siglo IV a.C. Su obra no se ha conservado, al igual que prácticamente toda la pintura griega (no cerámica, claro). En las ruinas de Pompeya sí se conservó una pintura que posiblemente fuese una copia de la original de Timantes. Representa la escena del Sacrificio de Ifigenia, y, aunque no tiene nada que ver con lo que venía a contaros, voy a narrar el mito para alargar el post un poco:



El Sacrificio de Ifigenia

Erase una vez esto:

El 90% de la mitología griega es esto
Likesito por el Kratos-censura

O Zeus bajó en forma de cisne para acostarse con Leda, reina de Esparta. Después ella puso dos huevos: de uno salieron Pólux y la famosa Helena, considerados hijos de Zeus, y de otro Cástor y Clitemnestra, considerados mortales, hijos del rey de Esparta. Clitemnestra acabó casada con Agamenón, rey de Micenas, con el cual tuvo unos cuantos hijos, entre ellos Ifigenia.

Entonces ocurrió todo el salseo de Troya, los troyanos raptando a Helena y esa historia que ya conoceréis (y si no, google no hace daño, o si queréis puedo hacer otro post…). Obviamente, Agamenón partió a la guerra para luchar contra los troyanos, pero cuando dispuso a su ejército en sus barcos algo ocurría: el viento no soplaba, por lo que las velas no se hinchaban y los barcos no avanzaban. Agamenón y los hombres del ejército se empezaban a desesperar, por lo que preguntaron a un adivino qué ocurría. El adivino averiguó que la diosa Ártemis estaba enfadada con Agamenón, porque días antes había cazado un ciervo en una de sus arboledas sagradas, y que si querían que devolviese el viento tenía que hacer una cosa muy concreta: Sacrificar a su hija Ifigenia en honor de la diosa.

Agamenón se negó rotundamente a hacerlo, pero tras la insistencia del ejército y sus consejeros, que estaban perdiendo un tiempo valiosísimo en la guerra, accedió. A partir de aquí las versiones varían:

  • Que Ifigenia fue sacrificada, Ártemis devolvió el viento y santas pascuas.
  • O bien, Ártemis apareció y en el último momento sustituyó a Ifigenia por una cierva, y la llevó a la isla de Táuride, donde sería su sacerdotisa y sacrificaría hombres para ella. Otras versiones incluso dicen que Ifigenia acabó convirtiéndose en Hécate, diosa de la brujería. 

Y me he dado cuenta de que tras toda esta historia todavía no os he puesto la pintura completa.



Arriba se ve a Ártemis con su arco, acompañada de lo que supongo que sería una de sus ninfas con la cierva, preparada para ser sustituida. Abajo, empezando por la derecha, el adivino, dos hombres que llevan a Ifigenia mientras ella implora al cielo, y por último, a la izquierda, el rey Agamenón.

Y es de la expresión de Agamenón de lo que venía a hablaros: él se oculta su cara, con la mano y un velo que lo cubre entero. No es un rey poderoso como nos enseñan los mitos, solo es un padre que no quiere ver morir a su hija. Esto es un recurso del pintor: la expresión de Agamenón es tan profunda que no es capaz de pintarla fielmente. Por tanto, la oculta y deja que el espectador sea quien se imagine el rostro triste, quizá furioso, quizá terrible de Agamenón.

¿Habéis escuchado eso de “una imagen vale más que mil palabras”? Es algo parecido.

La “técnica” para escritores

Esto lo di en primero de carrera, pero se me quedó enquistado en el cerebro, precisamente porque lo podía aplicar perfectamente a la escritura. Hay veces que los escritores nos enrollamos con las descripciones, cuando una mucho más escueta puede despertar más la imaginación del lector y superar lo que el escritor tenía pensado. Cuando defines algo, lo estás limitando.

Otro ejemplo que se me ocurre es por ejemplo, los propios dioses. El mismo Zeus mataba humanos con su sola presencia cuando se manifestaba en su verdadera forma (y si no que se lo digan a la pobre Sémele, madre de Dionisio) pues se supone que nuestra mente no es capaz de comprender eso. Lo mismo ocurre con la iconografía de las religiones monoteístas: la única forma que tienen los musulmanes de representar a Alá es mediante su nombre. Durante los primeros siglos del budismo tampoco se representaba a Buda, solo con distintos símbolos que simbolizaban su presencia, como sus huellas o la rueda de la sabiduría. Por el mismo motivo que esto: cuando representas algo lo limitas.

Es un recurso que funciona muy bien en el terror, en la descripción de las criaturas. Los dioses lovecraftnianos son un ejemplo claro: no cualquier ser es capaz de volver loca a la gente con su presencia.

Azathoth o cómo un ilustrador echó por tierra la idea de Lovecraft, (quien aplicaba muy bien esta técnica)
al representar el centro del caos y el universo como a él le pareció

Ejemplos en la literatura fantástica: Trilogía del Mar Quebrado de Joe Abercrombie


ATENCIÓN: esto contiene spoilers de la trilogía, si planeas leértela recomiendo saltártelo.

Me he cruzado con este recurso varias veces mientras leía, pero el único que se me ocurre a las horas intempestivas a las que escribo esto son los elfos del Mar Quebrado.

Abercrombie nos la quiso colar con lo que en su mundo había elfos. Yo también hice un pffff cuando me enteré, pero demostrando el maestro que es, me dio una hostia en la cara.

Se nos dice que los elfos habitaban el continente en tiempos antiguos, y que comenzaron una guerra con la Diosa. No se sabe cómo acabó la guerra, lo que sí se sabe es lo que ocurrió después: los elfos quebraron a la Diosa en seis dioses mayores y muchos menores, y los elfos desaparecieron de la faz de la tierra, dejando allí sus ruinas de acero élfico y cristal élfico (lo ponía así en el libro, no me estoy repitiendo) consideradas malditas y llenas de trampas mortales por los humanos.

Ya sabemos cómo son los elfos de la literatura fantástica desde Tolkien: delgados, más altos que los humanos, más ligeros, más flexibles, habilidosos con el arco y con la magia, habitantes de los bosques, orejas en punta… Sin embargo, Abercrombie no da una sola descripción de cómo fueron sus elfos, y por lo que ven sus personajes en sus armas y sus ruinas, nos hacen imaginarnos que sus elfos eran algo distintos a los elfos convencionales. Más cuando los personajes consiguen sus armas y al utilizarlas se emplean verbos como “recargó, encasquilló”, palabras que se utilizan habitualmente con nuestras armas de fuego actuales. ¿Abercrombie nos está intentando decir que su mundo es nuestro futuro tras un cataclismo y que esos elfos somos nosotros?

Pero lo más importante y lo que quiero sacar de aquí es: No aparece un puto elfo en toda la puñetera trilogía. Lo deja completamente abierto y a disposición del lector, por lo que puede ser perfectamente posible que esos elfos hayamos sido nosotros. O no, y realmente esos elfos sí sean elfos tolkienianos que sabían utilizar la magia. Las descripciones de las ruinas, el miedo que sienten los personajes cuando las atraviesan, son fragmentos que encajan perfectamente en una obra de terror.

Esto es a lo que me refiero con el velo de Timantes: Abercrombie ha cubierto con él a sus elfos, creando un halo de misterio y creando dudas al lector. Dudas que seguramente hayan hecho que algún lector se imaginase algo mucho más grande que la idea que el propio Abercrombie tenía en la cabeza.

Pero nunca lo sabremos :D


¿Y tú, conoces algún ejemplo de este tipo de ocultación? ¿Piensas que es un buen recurso que aplicar a tus historias?

Comentarios

  1. No había pensando en esto como una técnica narrativa, la verdad. Sí que la utilice una vez en una obra de teatro. Un personaje, una pintora, conseguía elaborar el cuadro más hermoso creado por mano humana. Obviamente ese cuadro siempre estaba de espaldas al público. ¿Qué puede haber más poderoso que la imaginación humana?

    Tendré en cuenta esta técnica para mi novela, gracias por compartirla ^^

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    1. Es curioso que también lo hayas utilizado con un cuadro ajajaj. La verdad es que esto aparece más de lo que nos pensamos, incluso puede que ya exista en literatura con otro nombre.

      ¡Nos leemos!

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    2. Vaya, interesante articulo. Cada vez que leo a veces pasa eso , que el escritor recarga mucho las descripciones y encasilla la imaginación. eN cambio ese halo de misterio... si que te deja volar XD , muy buena técnica!!!
      PD. Me leí todos tus artículos, son geniales!!!

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    3. Creo que depende también de lo que se describa puedes describir mucho o dejarlo en el aire para que el lector se lo imagine.

      Gracias por comentar!

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  2. La verdad es que nunca le había puesto nombre a esta técnica y es genial haber leído este artículo para darse cuenta y concretarla. En libros no se me ocurre, quitando Lovecraft (sinceramente sus monstruos nunca me impresionaron, quizás se deba a que todos sus cuentos y protagonistas me parecían iguales, aunque entendía que usaba bien esa técnica)y a Stephen King... Pero este hombre lo usa a veces bien (La historia de Lisey tiene un monstruo sobre el que sólo te insinúan cosas y eso está muy bien) y otras mal (It) y en otras le da por describirlo todo y buf.
    Esta técnica es, con todo, algo que he visto usado a lo bestia en la saga de videojuegos Souls (Demon Souls, Dark Souls y Bloodborne) con una maestría ya que tienen el apoyo visual que no puede tener un libro y hace que los fans se tiren de los pelos intentando resolver todos los huecos dejados a propósito y vuelve las historias de los personajes todavía más dramáticas. También lo he visto en una novela visual llamada Umineko.

    Un buen artículo, ¡muchas gracias por escribirlo!

    Atte. Rika~

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    1. Todavía no he leído nada de King (lo sé, merezco la muerte un poco) y hace bastante que no juego a videojuegos, aunque he oído de todo sobre el Dark Souls y gente constantemente atascada por su dificultad xD
      Supongo que en narrativa tendrá un nombre propio porque es un recurso muy habitual pero... lo desconozco.

      Gracias por comentar!

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