23 de marzo de 2017

#EscribirEsMiTrabajo

Hace poco surgió un debate en twitter sobre si el arte debería ser gratis o no. Una chica abanderaba que como era cultura, debía ser gratuito el acceso al arte. Supongo que estaba reclamando entrada gratuita a los museos más famosos, tal como el Prado, o eso quiero pensar. El problema es que los museos, al menos la mayoría o los más importantes, ya son gratis en parte. Puedes entrar gratis si eres menor, si eres estudiante. Si estás parado o si eres jubilado. Fuera de España también suele repetirse este patrón: el British Museum, hogar de grandes obras que los británicos expoliaron a medio mundo, es gratis. En Italia me ahorré mínimo 33 euros en entradas de museos por ser historiadora del arte. Supongo que lo que reclamaba esta chica era la gratuidad para el resto de mortales.

Pero ese arte no se ha generado gratuitamente. En la mayoría de los casos, el artista fue acogido por unos mecenas para realizar su trabajo. Unos mecenas ricos que le mantenían. Así, una de las distinciones entre la nobleza y los burgueses frente a la plebe, era que podían permitirse cosas caras e inútiles a simple vista, que podían permitirse mantener a otro tipo para que hiciese cosas innecesarias. Para que hiciese arte y cultura.

Por suerte la sociedad ha avanzado y ya no necesitamos mantener a un artista en nuestra familia (a menos que sea tu hijo) para poder disfrutar del arte. Cualquiera puede encargar un vinilo de la Giocconda y ponerlo en su salón por un precio asequible. Pero para poder pintarla, Da Vinci tuvo que estudiar anatomía, tuvo que recurrir abrir cadáveres para abrirlos, tratando de comprender cómo funcionaban ciertos músculos, desafiando así a la Iglesia. Tuvo que bocetar, practicar, viajar, mostrar su arte hasta que alguien quiso acogerle. Sus obras siguen originando pérdidas hoy día. La Última Cena tiene gravísimos problemas de conservación porque utilizó una técnica experimental para pintarla. Si habéis visto el cristal blindado que protege a la Giocconda en el Louvre me entenderéis un poco mejor.

Hasta que no la miráis de cerca no podéis haceros idea de cómo está

Cuando se habla de arte se piensa en estas grandes obras. El problema es que, como ya dije en una antigua entrada, la literatura entra dentro del arte.

Todos, cuando empezamos, solo queremos que vean nuestro arte, que nos vean, recibir alabanzas por ello. Es por eso que cuando empezamos a dibujar enseñamos la obra a nuestra familia, o la subimos al deviantart. Los escritores sufrimos una época oscura de fanfics malos y que tiempos después releemos por las risas. Todo eso lo dábamos gratuitamente. Porque estamos aprendiendo.

Pasados unos años ya tenemos práctica suficiente, ya hemos desarrollado cosas serias y queremos que se nos consideres profesionales. Que se nos pague por nuestro trabajo. Pero el internet es gigante y no olvida que subiste cosas gratuitamente, y que hay miles y miles de personas que lo hacen ¿por qué vas a ser tú distinto? ¿De qué vas? ¿Quién te crees que eres para cobrar por algo que llevas practicando años y seguramente hayas invertido dinero en cursos o materiales? ¿Estás loco? Si trabajas en algo que te gusta ya no es trabajo (Contradiciendo así el proverbio que dijo el sabio chino japonés que inventó la confusión)

Y así estamos, intentando luchar con esa gente que cree que tu tiempo invertido no vale nada, que el artista que contrates para la portada tampoco merece comer (que se busque otro trabajo, oye estos artistas, quienes que creen que son), que el corrector, el maquetador, el editor tampoco.

Y sin embargo todos y cada uno son víctimas de las páginas de ebooks pirata. No voy a decir que no las he usado porque es mentira, pero quiero que algún día, si consigo publicar algo, sea yo o mi editorial la que decida poner gratis un producto a unos señores que no conozco de nada y que encima se estarán lucrando gracias a las miles de visitas que consigue su página. 

Más cuesta arriba se hace todavía este camino cuando blogs promocionan estas páginas como si fuesen una herramienta gratuita más, sin pensar en la repercusión que pueda tener. Las páginas pirata ya de por sí son horribles, pero cuando la gente las difunde sin miedos ni remordimientos, como si fuese algo ajeno que no le incumbe.

Porque la cultura no es imprescindible para la vida, pero todo el mundo la quiere. Y gratis.

Pues como no es imprescindible para la vida, los artistas nos dedicaremos a otras cosas que sí nos den de comer. Nuestro flujo creativo no se detendrá, por supuesto, pero supone mucho menos trabajo y esfuerzo escribir algo solo para nuestros amigos y familiares. Y así, poco a poco, la cultura irá desapareciendo para volver a convertirse en algo elitista de nuevo. Igual que en el pasado.

Así que sí, para que el arte siga siendo público y accesible para todos, vamos a tener que pagar por ello igual que por el resto de bienes que consumimos.



#EscribirEsMiTrabajo

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